ISSN 2718-6121

 

 

 

 

 

El estado de ánimo de los docentes universitarios: impacto del congelamiento presupuestario y sus consecuencias emocionales

 

The mood of university teaching staff: the impact of budget freezes and their emotional consequences.

 

Leandro Guerschberg[1]

https://orcid.org/0009-0005-9286-6358

Yael Estefanía Gutiérrez [2]

https://orcid.org/0009-0003-1616-2995

Catalina Nobili [3]

https://orcid.org/0009-0008-9591-9533

Yanina Verónica Ferreyra[4]

https://orcid.org/0009-0004-1257-5247

Fedra Freijoo Becchero[5]

https://orcid.org/0000-0003-3903-4833

 

Guershberg, L. et al. (2025). El estado de ánimo de los docentes universitarios: impacto del congelamiento presupuestario y sus consecuencias emocionales. Campo Universitario, 6 (12), 1-27.

 


Fecha de recepción: 10/11/2025

Fecha de aceptación: 19/12/2025

 

Resumen

El presente estudio examina cómo impacta el congelamiento del presupuesto universitario vigente desde 2023 sobre el estado de ánimo y el bienestar emocional de los docentes de las universidades argentinas, con énfasis en la Universidad de Buenos Aires. Para ello, se empleó un diseño exploratorio descriptivo mediante un cuestionario autoadministrado que incluyó el PHQ-9 y un conjunto de ítems adicionales relativos a condiciones laborales, reconocimiento institucional y afectaciones subjetivas. Los resultados evidencian un deterioro emocional significativo ya que el 69% de los participantes presentó niveles moderados a graves de sintomatología depresiva y el 61% calificó su estado de ánimo entre regular y muy malo. Asimismo, la amplia mayoría señaló que la pérdida de poder adquisitiva, la sobrecarga laboral y la inestabilidad en las designaciones afectan de manera directa su salud emocional. La desvalorización de la práctica docente por parte del Estado emergió como un factor central del desgaste, en consonancia con el burnout y estrés estructural docente. Si bien la muestra no pretende ser representativa, los datos aportan una primera aproximación diagnóstica que permite identificar tendencias preocupantes para la continuidad y calidad del trabajo académico. Se subraya la necesidad de implementar políticas integrales de bienestar institucional y financiamiento adecuado que contemplen la dimensión emocional del trabajo docente.

Palabras clave: docentes universitarios, estado de ánimo, burnout, salud mental, congelamiento presupuestario

Abstract

This study examines the impact of the university budget freeze in effect since 2023 on the mood and emotional well-being of faculty members at Argentine universities, with a particular focus on the University of Buenos Aires. A descriptive exploratory design was employed using a self-administered questionnaire that included the PHQ-9 and additional items related to working conditions, institutional recognition, and subjective affectations. The results show a significant emotional deterioration: 69% of participants exhibited moderate to severe depressive symptoms, and 61% rated their mood as fair to very poor. The vast majority reported that loss of purchasing power, work overload, and instability in appointments directly affect their emotional health. The devaluation of teaching work by the State emerged as a central factor of exhaustion, consistent with teacher burnout and structural stress. Although the sample is not intended to be representative, the findings provide an initial diagnostic overview that highlights worrisome trends for the continuity and quality of academic work. The study underscores the need for comprehensive institutional well-being policies and adequate funding that address the emotional dimension of teaching labor.

Keywords: university faculty, mood, burnout, mental health, budget freeze

Introducción

Durante las últimas décadas, el sistema universitario argentino ha sido un actor central en la producción de conocimiento, la formación de profesionales, la consolidación de valores democráticos y de justicia social. En este marco, los docentes universitarios se constituían como pilares esenciales del proyecto educativo, cultural y científico del país. Sin embargo, en los últimos años, su labor se ha visto crecientemente afectada por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la sobrecarga de trabajo y, más recientemente, por el congelamiento del presupuesto universitario dispuesto por el Poder Ejecutivo Nacional desde la asunción del Presidente Milei, que retrotrae el presupuesto universitario al del año 2023. Este escenario, caracterizado por la falta de actualización de los fondos asignados a las universidades nacionales, ha generado un impacto directo en las condiciones de trabajo, en la estabilidad institucional y, particularmente, en la salud mental y emocional de los equipos docentes.

El congelamiento presupuestario implica una reducción real del financiamiento, producto de la inflación acumulada, que en Argentina superó el 200% durante el bienio 2023–2024. Ello ha afectado no sólo el mantenimiento edilicio, los programas de investigación y las becas estudiantiles, sino también la remuneración docente, cuya pérdida de valor real ha deteriorado las condiciones de vida de quienes sostienen la enseñanza superior, la investigación, el desarrollo y la extensión. Esto ha provocado una sensación generalizada de desprotección y desvalorización entre los trabajadores universitarios. En ese contexto, los docentes enfrentan una tensión constante entre la vocación pedagógica, el compromiso institucional y las dificultades materiales que condicionan su bienestar psicosocial.

Numerosas investigaciones previas han evidenciado que el estrés laboral docente constituye un fenómeno complejo, que trasciende las dimensiones individuales para inscribirse en procesos estructurales vinculados al reconocimiento, la carga de trabajo y las políticas educativas (Jiménez Espinoza & Silva Caicedo, 2024). Según Cifre, Llorens, Salanova y Martínez (2003), la salud psicosocial del profesorado depende de la calidad de la gestión institucional, del apoyo percibido por las autoridades y del equilibrio entre las demandas laborales y los recursos disponibles. Cuando estas condiciones se deterioran —como ocurre bajo contextos de crisis presupuestaria— emergen síntomas de agotamiento emocional, desmotivación y frustración, que pueden derivar en el conocido síndrome de burnout, conceptualizado por Maslach, Jackson y Leiter (1996) como una respuesta crónica al estrés laboral, caracterizada por el desgaste emocional, la despersonalización y la baja realización personal.

En América Latina, la literatura reciente ha advertido sobre el incremento de los indicadores de burnout y de malestar psicológico en docentes universitarios, asociado a la precarización laboral, la multiplicación de tareas administrativas y la creciente presión por sostener la calidad académica en condiciones adversas (Pujol-Cols, 2021). El escenario argentino actual agrava estas tendencias e implica una forma de violencia simbólica institucional, en tanto desvaloriza el trabajo académico y desarticula las condiciones necesarias para el desarrollo de una práctica reflexiva, creativa y transformadora. Esto incide de modo directo en el estado de ánimo general de los docentes, manifestándose en sentimientos de impotencia, apatía, irritabilidad y desánimo. En este sentido, Roa y Núñez (2025) destacan que la dimensión afectiva del trabajo educativo es fundamental para sostener comunidades de aprendizaje saludables: cuando los docentes experimentan emociones negativas persistentes, disminuye la capacidad de empatía pedagógica, la disposición a innovar y la percepción de autoeficacia profesional.

El presente estudio surge, por tanto, de la necesidad de visibilizar cómo impacta psicosocialmente el congelamiento presupuestario en la comunidad docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), una de las instituciones más grandes y emblemáticas del país. Para ello, se revelaron 99 encuestas auto administradas (de las cuales 22 son de otras Universidades Nacionales como UNPAZ o UNLZ, pero que, por tener los mismos convenios colectivos, pueden analizarse de la misma manera), en dónde se indaga la relación entre las condiciones laborales actuales y el estado de ánimo de los docentes, con especial atención a los indicadores de malestar emocional, motivación, percepción de reconocimiento institucional y síntomas depresivos evaluados mediante el Cuestionario de Salud del Paciente-9 (PHQ-9). Este instrumento, validado en múltiples contextos latinoamericanos (Cassiani-Miranda et al., 2021; Ortiz Morán et al., 2024), permite detectar niveles leves, moderados o severos de depresión, siendo una herramienta útil para evaluar el bienestar psicológico en entornos laborales.

La elección de un diseño descriptivo–interpretativo responde a la intención de comprender el fenómeno en su contexto, más que a establecer relaciones causales. En este sentido, el estudio asume una perspectiva sociopsicológica crítica, que considera las emociones docentes como parte de los procesos estructurales que configuran el campo universitario argentino. Las categorías de análisis —motivación, reconocimiento, vocación, estabilidad y salud mental— se articulan con una lectura del trabajo docente como práctica política y afectiva, donde el ánimo colectivo constituye un indicador del estado general de la universidad pública.

En las últimas décadas, las políticas neoliberales han tendido a mercantilizar la educación, promoviendo criterios de eficiencia, competencia y rendimiento medido en términos de productividad (Pujol-Cols, 2021). Bajo esta lógica, la subjetividad docente queda atrapada entre el ideal de compromiso con el bien común y la presión por responder a demandas institucionales cada vez más exigentes. Cuando el Estado reduce su inversión en educación superior, no sólo limita los recursos materiales, sino que erosiona el contrato simbólico que sostiene la vocación de enseñar como un acto de responsabilidad social.

Los estudios de García et al. (2022), retomados por Jiménez Espinoza y Silva Caicedo (2024), “muestran en su estudio que un alto esfuerzo y una baja recompensa laboral  se asocian con episodios depresivos y enfermedades cardiovasculares, provocando aumento de la depresión en un 80%, en pocos años”. Esta percepción se ha intensificado en la Argentina, y es por ello que tanto la UBA, como otras universidades nacionales, han tenido que implementar planes de emergencia para sostener la continuidad académica frente a la falta de recursos, esto ha significado que los docentes asuman múltiples roles sin compensación salarial.

Desde una perspectiva psicosocial, el estado de ánimo docente puede entenderse como una construcción colectiva atravesada por factores estructurales y subjetivos. Las emociones que emergen en el trabajo universitario —motivación, frustración, orgullo, enojo, agotamiento— son expresiones de cómo los sujetos viven la relación entre su vocación y las condiciones concretas de ejercicio profesional. Cuando esa relación se vuelve asimétrica —es decir, cuando el esfuerzo y la entrega no se corresponden con el reconocimiento ni con las condiciones de sostenibilidad—, se produce una fractura emocional que deteriora tanto la salud mental del individuo como el clima institucional.

En el caso de la UBA, con su vasta comunidad docente y estudiantil, constituye un espacio privilegiado para observar este fenómeno, ya que es una universidad pública de carácter autónoma y cogobernada, que también ha sido históricamente símbolo de excelencia y compromiso social. Sin embargo, el contexto actual ha generado un impacto transversal en los diferentes claustros, afectando particularmente a quienes sostienen la enseñanza diaria. La docencia universitaria, tradicionalmente concebida como un espacio de realización personal y prestigio intelectual, se encuentra hoy tensionada, como mencionamos anteriormente, entre la vocación y la supervivencia económica, entre la pasión por enseñar y el desencanto frente a la desatención estatal.

En este escenario, el estado de ánimo de los docentes funciona como un termómetro de la crisis universitaria. La pérdida de entusiasmo, el agotamiento, la irritabilidad o el sentimiento de impotencia no son sólo síntomas individuales, sino también indicadores de un malestar institucional más profundo. La depresión leve o moderada, detectada en un porcentaje significativo de los encuestados, debe ser leída como una manifestación del sufrimiento colectivo de una comunidad que se percibe excluida de las prioridades del Estado. De acuerdo con Cifre et al. (2003), la gestión del bienestar psicosocial docente requiere políticas activas de reconocimiento y cuidado. No obstante, la ausencia de estrategias de contención emocional o apoyo psicológico institucional —reconocida por más del 80% de los encuestados— agrava la situación, dejando a los docentes librados a su propia capacidad de resiliencia.

El presente estudio se propone describir y analizar el impacto del congelamiento presupuestario en el estado de ánimo de los docentes universitarios de la UBA, identificando los principales factores que inciden en su bienestar emocional y laboral. La investigación busca aportar evidencia empírica a un debate urgente sobre la sostenibilidad de la educación pública y el reconocimiento del trabajo docente como componente esencial del desarrollo social y científico argentino. Comprender cómo se sienten quienes enseñan es, en última instancia, comprender el pulso vital de la universidad misma: su ánimo, su esperanza y su capacidad de resistir frente a la adversidad.

Marco Teórico

1. El trabajo docente y sus dimensiones psicosociales

El trabajo docente universitario constituye una práctica compleja, situada en la intersección entre el saber, la formación y la construcción de ciudadanía. Su dimensión no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que involucra procesos de mediación cultural, de vínculo afectivo y de compromiso social. En ese sentido, la docencia universitaria puede definirse como una actividad intelectual, emocional y política, que demanda altos niveles de implicación subjetiva. Tal como afirman Cifre, Llorens, Salanova y Martínez (2003), el trabajo de enseñar involucra una “intensa carga psicosocial”, dado que el profesor no sólo imparte contenidos, sino que moviliza afectos, valores y significaciones compartidas con sus estudiantes. Esta dimensión emocional, que habitualmente se encuentra invisibilizada por la lógica meritocrática de la educación superior, adquiere relevancia en contextos de crisis estructural, donde el reconocimiento institucional se erosiona.

Desde la sociología del trabajo, el docente puede ser concebido como un trabajador del conocimiento, cuya productividad no se mide en bienes tangibles, sino en procesos de aprendizaje y pensamiento crítico. Sin embargo, en el marco de la globalización y la expansión de las políticas neoliberales, la universidad pública ha sido objeto de transformaciones que tienden a mercantilizar la educación y a subordinarla a criterios de eficiencia y competitividad. Esta tendencia, que Pujol-Cols (2021) identifica en el caso argentino, redefine las condiciones laborales del profesorado, imponiendo mayores exigencias con recursos decrecientes. La docencia universitaria contemporánea se caracteriza, así, por una paradoja estructural: se espera de los docentes compromiso, creatividad y excelencia, pero se los somete a condiciones de precariedad, inestabilidad y desvalorización salarial.

Esta tensión, como podemos observar, repercute de manera directa en la salud psicosocial del profesorado, ya que las emociones laborales son inseparables de las estructuras institucionales en las que se inscriben. En los últimos años, además, la salud mental docente se ha convertido en un objeto de preocupación creciente. El estudio Prevalence of depressive symptoms in teachers and associated factors (Research, Society and Development, 2022) documenta que las tasas de síntomas depresivos en docentes son significativamente superiores a las de la población general, especialmente cuando las condiciones laborales incluyen alta demanda, recursos insuficientes y escaso reconocimiento. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de comprender el trabajo docente como una práctica emocionalmente exigente, particularmente vulnerable en escenarios de inestabilidad institucional o crisis presupuestaria.

En este marco, el estado de ánimo emerge como un indicador clave del clima institucional y del bienestar laboral. No se trata únicamente de un conjunto de emociones individuales, sino de una atmósfera colectiva que expresa la relación entre los trabajadores y su entorno. El ánimo docente puede definirse como el tono afectivo predominante que acompaña el ejercicio de la enseñanza y que se ve modulado por factores económicos, simbólicos y relacionales. Cuando ese tono se vuelve negativo —por frustración, agotamiento o desvalorización—, se compromete no sólo la salud mental del trabajador, sino también la calidad del proceso educativo. En ese sentido, entonces, cabe describir qué es y cómo se configuran las diversas situaciones relacionadas con el estrés laboral.

2. Estrés laboral y síndrome de burnout en la docencia universitaria

El concepto de síndrome de burnout, introducido por Herbert Freudenberger en 1974 y desarrollado teóricamente por Maslach, Jackson y Leiter (1996), ha sido ampliamente utilizado para describir los efectos del estrés crónico en profesiones de ayuda. Según estos autores, el burnout se compone de tres dimensiones interrelacionadas: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. El agotamiento emocional refiere a la sensación de no poder dar más de sí mismo; la despersonalización implica una actitud cínica o distante hacia los otros; y la baja realización personal se asocia a sentimientos de ineficacia o falta de logro.

En el ámbito educativo, el burnout se produce cuando las demandas laborales superan los recursos personales e institucionales. La exposición prolongada a la presión, la falta de apoyo y la ausencia de reconocimiento generan una espiral de desgaste que impacta en la salud física y mental del docente. Investigaciones recientes, como las de Jiménez Espinoza y Silva Caicedo (2024), confirman que el estrés laboral universitario se relaciona con la sensación de desamparo institucional, la sobrecarga de tareas y la precarización salarial.

En Argentina, el congelamiento presupuestario impuesto en 2023 generó un deterioro progresivo del salario real, al tiempo que aumentó la carga laboral y la incertidumbre sobre la continuidad de los programas académicos. Como advierte Daza-Cardona y Arboleda-Trujillo (2024), el desgaste emocional se acentúa cuando los trabajadores perciben que su esfuerzo no tiene correlato en el reconocimiento institucional ni en las condiciones de bienestar. En el caso de los docentes universitarios, este fenómeno se traduce en sentimientos de frustración, impotencia y desencanto, que alteran la motivación y el sentido de la vocación.

Pujol-Cols (2021) analiza el burnout docente a partir del modelo de demandas y recursos laborales. Según este enfoque, las demandas son las exigencias psicológicas, físicas o emocionales del trabajo, mientras que los recursos incluyen los apoyos, recompensas y oportunidades de desarrollo. El equilibrio entre ambas dimensiones es fundamental para prevenir el agotamiento.

A través de la investigación de Nanque (2024), realizada en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA), se puede observar que es lo que sucede cuando no se cumple este equilibrio y aspectos como las exigencias psicológicas elevadas, el bajo control laboral, la insuficiencia de recompensas y el apoyo institucional limitado se asocian de manera significativa con niveles de depresión y ansiedad en el profesorado universitario. La evidencia de UNILA constituye un aporte regional valioso, al demostrar que la salud mental docente es extremadamente sensible a las configuraciones institucionales y a la estabilidad financiera. Cuando las demandas —horas de clase, tareas administrativas, presión por publicar, inestabilidad— aumentan sin una compensación en recursos —salario, tiempo, reconocimiento—, se rompe ese equilibrio que tiende al colapso emocional. El congelamiento presupuestario, en este sentido, actúa como un factor multiplicador del desequilibrio, ya que reduce los recursos disponibles y amplifica las demandas, lo que redunda claramente en un deterioro de la salud mental de los docentes y que analizaremos a continuación.

Ahora bien, desde el punto de vista de la salud mental laboral se propone comprender estos fenómenos desde múltiples niveles: individual, organizacional y sistémico. A nivel individual, influyen las estrategias de afrontamiento, la resiliencia y la vocación; a nivel organizacional, las condiciones de trabajo y las relaciones jerárquicas; y a nivel sistémico, las políticas educativas y económicas. En el caso argentino, la persistencia del congelamiento presupuestario afecta simultáneamente los tres niveles: deteriora las condiciones materiales, debilita los lazos institucionales y erosiona el sentido de pertenencia al sistema público universitario. De allí que el análisis del estado de ánimo docente requiera una mirada integral, capaz de articular las dimensiones económicas, emocionales y simbólicas del trabajo.

El Cuestionario de Salud del Paciente-9 (PHQ-9), utilizado en este estudio, es una herramienta validada internacionalmente para medir la presencia de síntomas depresivos (Cassiani-Miranda et al., 2021; Ortiz Morán et al., 2024). Evalúa la frecuencia de nueve síntomas durante las dos semanas previas, permitiendo clasificar los niveles de afectación en mínima, leve, moderada o grave. Su aplicación en investigaciones educativas permite cuantificar el impacto emocional de factores estructurales como la inestabilidad o la desvalorización laboral. La literatura reciente sugiere que, incluso en contextos de compromiso vocacional, los docentes expuestos a precariedad y estrés crónico tienden a registrar puntajes elevados en este tipo de escalas.

3. Reconocimiento, vocación y subjetividad docente

En la tradición universitaria argentina, la docencia ha sido históricamente concebida como un acto de compromiso con el conocimiento y con el país. La vocación docente se asocia a valores de servicio público, libertad de cátedra y democratización del saber. Esa vocación y el prestigio del ejercicio de la docencia universitaria sostiene, en términos generales, actividad. Pero el estado de ánimo colectivo de los docentes argentinos emerge como resultado de una tensión estructural entre vocación y precariedad. La vocación opera como un soporte emocional que permite sostener la tarea educativa aún en condiciones altamente desfavorables. Sin embargo, la vocación, en ausencia de reconocimiento material y simbólico, puede transformarse en un factor de vulnerabilidad afectiva. La falta de recompensas externas incrementa la probabilidad de desgaste emocional y disminuye el sentido de eficacia profesional.

Los estudios de RSD (2022) y Nanque (2024) coinciden en este punto: cuando el reconocimiento es insuficiente, los docentes reportan mayores niveles de desánimo, pérdida de sentido y síntomas depresivos. La identidad docente queda así atravesada por un dilema: persistir en un trabajo socialmente significativo, pero institucionalmente desvalorizado, o replegarse ante la falta de condiciones dignas. La crisis presupuestaria profundiza este conflicto al debilitar el reconocimiento, esto no se reduce al aspecto económico, sino que implica también una valoración institucional y social del rol docente. Cuando las políticas gubernamentales desfinancian la educación superior o minimizan su importancia, los profesores perciben una pérdida del sentido social de su tarea. Como plantea Cifre et al. (2003), la mejora de la salud psicosocial docente requiere “un sistema de gestión de recursos humanos que reconozca el valor del trabajo intelectual y emocional de enseñar”. Sin esa base, la motivación intrínseca que sostiene la vocación se debilita, dando lugar al desencanto y a la desafección.

El estado de ánimo colectivo de los docentes argentinos se configura, entonces, como el resultado de una triple tensión: entre vocación y precariedad, entre compromiso y desvalorización, entre esfuerzo y desprotección. En el contexto del congelamiento presupuestario, estas tensiones se agudizan, generando un clima de pesimismo y fatiga emocional que repercute en la calidad del vínculo pedagógico. El reconocimiento insuficiente no sólo deteriora la autoestima profesional, sino que además afecta la percepción de autoeficacia, es decir, la creencia de que el propio trabajo tiene un impacto positivo en los estudiantes. Cuando esta convicción se erosiona, se debilita el sentido mismo de la tarea educativa.

4. Factores estructurales y emocionales del congelamiento presupuestario

Como se menciona anteriormente, el congelamiento presupuestario no puede analizarse únicamente como una política financiera: constituye un fenómeno multidimensional que atraviesa la vida institucional y emocional de las universidades. En el plano económico, implica una reducción de recursos que limita el funcionamiento cotidiano; en el plano simbólico, representa un mensaje de desvalorización estatal hacia el sistema universitario; y en el plano psicosocial, se traduce en una percepción de incertidumbre y angustia. Este triángulo de efectos produce un impacto acumulativo sobre los docentes, quienes se ven obligados a sostener la misión universitaria con medios cada vez más escasos.

Roa y Núñez (2025) sostienen que las crisis presupuestarias actúan como “estresores sistémicos”, capaces de alterar el equilibrio emocional de los equipos docentes y administrativos. A diferencia de las tensiones cotidianas, estos procesos prolongados de desfinanciamiento generan un clima institucional de desgaste, donde predomina la sensación de estar resistiendo más que construyendo. En este contexto, el estado de ánimo colectivo opera como una variable mediadora entre la estructura económica y la práctica pedagógica: cuando el ánimo decae, se resiente el trabajo en equipo, la innovación y la confianza en el futuro.

La prolongación del congelamiento presupuestario en la UBA, sin mecanismos de contención emocional o compensación salarial, configura un escenario propicio para el desgaste. En este marco, la motivación docente se sostiene principalmente en la vocación, la pertenencia institucional y la solidaridad entre colegas. Sin embargo, como señala Daza-Cardona y Arboleda-Trujillo (2024), la vocación, aunque resulte esencial, no puede suplir indefinidamente la ausencia de reconocimiento estructural.

5. Aportes teóricos para la interpretación del estado de ánimo docente

El análisis del estado de ánimo de los docentes universitarios puede articularse con tres tradiciones teóricas complementarias: la psicología del trabajo, la sociología de las emociones y la pedagogía crítica.

Desde la psicología del trabajo, el enfoque del burnout (Maslach et al., 1996) y el modelo demandas-recursos (Pujol-Cols, 2021) ofrecen herramientas para comprender cómo los desequilibrios entre exigencias y apoyos afectan la motivación y la salud mental. Desde la sociología de las emociones, se enfatiza el carácter colectivo de los estados afectivos: las emociones no son meramente individuales, sino construcciones sociales que reflejan la posición de los sujetos en las relaciones de poder. Así, el malestar docente puede interpretarse como una emoción política, que expresa la desigualdad y la falta de reconocimiento dentro del sistema educativo. Finalmente, desde la pedagogía crítica, autores como Freire han subrayado la dimensión ética y afectiva del acto educativo: enseñar es un ejercicio de esperanza, que sólo puede sostenerse en condiciones de dignidad y respeto.

El estado de ánimo docente debe ser comprendido como una forma de conocimiento social que traduce afectivamente las condiciones estructurales del sistema universitario. Las emociones —históricamente relegadas en la investigación educativa— se revelan como un eje central del trabajo académico y como un indicador de la salud institucional. Un clima emocional negativo afecta la motivación, la creatividad pedagógica y la calidad del vínculo educativo; a su vez, refleja tensiones más amplias entre las políticas públicas y la experiencia cotidiana del trabajo universitario.

La evidencia aportada por estudios recientes (RSD, 2022; Nanque, 2024; Gil-Monte, 2002) subraya que el malestar docente no puede interpretarse como un fenómeno individual, sino como el resultado de dinámicas sistémicas y políticas de gestión. Comprender el estado de ánimo de los docentes implica, por tanto, analizar simultáneamente las condiciones laborales, los procesos de reconocimiento y las estructuras de financiamiento que enmarcan la práctica educativa.

Estos marcos permiten concebir el estado de ánimo docente como un indicador de la salud democrática de la universidad. Cuando el Estado desatiende el financiamiento y las instituciones no ofrecen contención, los docentes experimentan un quiebre del pacto simbólico que legitima su trabajo. La depresión, el agotamiento y la pérdida de sentido no son simples consecuencias psicológicas, sino manifestaciones de una crisis estructural en el vínculo entre conocimiento, trabajo y reconocimiento social.

A partir de los enfoques mencionados, el estudio asume que el estado de ánimo de los docentes universitarios es una construcción compleja que refleja la interacción entre factores estructurales (presupuesto, estabilidad, reconocimiento) y subjetivos (vocación, motivación, autoeficacia). Analizar esta interacción en el contexto del congelamiento presupuestario argentino permite no sólo comprender un momento crítico de la educación superior, sino también aportar a la reflexión sobre las condiciones necesarias para preservar la salud mental y la dignidad laboral en la universidad pública.

A partir de este marco conceptual, que evidencia la interrelación entre condiciones estructurales, factores psicosociales laborales y afectaciones emocionales en la docencia universitaria, se vuelve necesario abordar empíricamente cómo estos procesos se manifiestan en el contexto específico del congelamiento presupuestario en la UBA. La literatura revisada muestra que el estrés laboral, el burnout y la sintomatología depresiva emergen cuando las demandas superan los recursos y el reconocimiento institucional se debilita; por ello, resulta pertinente analizar de manera sistemática el estado de ánimo del profesorado para comprender la magnitud y las características de este malestar. En este sentido, la metodología seleccionada —basada en instrumentos estandarizados, datos cuantitativos y una aproximación descriptivo-analítica— permite operacionalizar las categorías conceptuales previamente desarrolladas y ofrecer evidencia empírica que dialogue con los aportes teóricos discutidos.

Metodología

1. Enfoque general y diseño de la investigación

El presente estudio adopta un enfoque cuantitativo-descriptivo con interpretación cualitativa contextual, orientado a examinar la relación entre las condiciones laborales actuales y el estado de ánimo de los docentes universitarios en el contexto del congelamiento presupuestario 2023–2025 en la Argentina. La investigación se enmarca en un diseño no experimental, transversal y de carácter exploratorio-descriptivo, dado que pretende describir y analizar fenómenos existentes sin manipulación de variables, y busca identificar tendencias, percepciones y correlaciones entre factores sociodemográficos, laborales y emocionales.

El propósito central es describir el impacto emocional del deterioro presupuestario y salarial sobre los docentes universitarios, tomando como caso de estudio la Universidad de Buenos Aires (UBA). Este enfoque permite comprender cómo los procesos macroeconómicos y políticos inciden en las subjetividades docentes, afectando su motivación, bienestar psicosocial y continuidad vocacional.

El diseño se sustenta en una triangulación metodológica interna: por un lado, se aplican herramientas estadísticas descriptivas a los datos obtenidos mediante encuestas (frecuencias, porcentajes y tendencias); por otro, se realiza una interpretación analítica de los resultados a la luz del marco teórico y de la literatura científica sobre burnout, estrés laboral y salud mental docente. Este enfoque mixto, aunque predominantemente cuantitativo, busca superar la mera descripción de síntomas para situar los hallazgos en su contexto institucional y político.

2. Población y muestra

La población objeto del estudio está conformada por los docentes universitarios activos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pertenecientes a distintas facultades, carreras y jerarquías académicas. La UBA, fundada en 1821, representa la universidad más grande del país y una de las más prestigiosas de América Latina, con más de 30.000 docentes en actividad distribuidos en diversas unidades académicas. Este contexto institucional heterogéneo constituye un escenario privilegiado para observar los efectos del congelamiento presupuestario sobre las condiciones laborales y emocionales del profesorado.

La muestra final estuvo compuesta por 99 docentes, seleccionados mediante muestreo no probabilístico por conveniencia, a partir de la difusión voluntaria de una encuesta auto administrada en formato digital durante el primer semestre de 2025. La participación fue anónima, libre y voluntaria, garantizando la confidencialidad de los datos personales. Se incluyeron docentes de ambos géneros, de distintas franjas etarias y con diversas jerarquías académicas (ayudantes, jefes de trabajos prácticos, profesores adjuntos, asociados y titulares). Esta diversidad permitió obtener una visión amplia y representativa de las percepciones docentes frente a la crisis presupuestaria y sus efectos emocionales.

La edad promedio de los participantes fue de 45 años, con un rango que osciló entre 26 y 68 años. El 53% se identificó como mujer, el 46% como varón y el 1% prefirió no declarar su género. La mayoría de los encuestados (72%) trabaja en facultades de ciencias sociales, humanísticas o de la salud, mientras que un 28% se desempeña en áreas científico-técnicas o ingenieriles. En cuanto a la antigüedad, el 41% cuenta con más de diez años de experiencia docente universitaria, el 37% entre cinco y diez años, y el 22% menos de cinco años.

Respecto al tipo de designación, el 62% declaró desempeñarse bajo contratos temporales o interinos, el 23% como docentes regulares, y el 15% en designaciones ad honorem, sin remuneración. Este dato resulta relevante, ya que revela una alta proporción de inestabilidad laboral dentro de la universidad más importante del país. En relación con la dedicación horaria, el 57% posee dedicación simple, el 33% semiexclusiva y sólo el 10% exclusiva, lo cual indica que la mayoría debe combinar su tarea docente con otros empleos para alcanzar un ingreso suficiente.

3. Instrumentos de recolección de datos

La recolección de información se realizó mediante una encuesta estructurada diseñada ad hoc para esta investigación, alojada en la plataforma Google Forms. El instrumento estuvo compuesto por cuatro secciones principales:

  1. Datos sociodemográficos y laborales: género, edad, lugar de residencia, tipo de institución, jerarquía, antigüedad, dedicación, tipo de designación y estabilidad laboral.
  2. Motivaciones y percepciones profesionales: ítems referidos a la vocación, la valoración social de la labor docente, la satisfacción laboral, la relación con las autoridades universitarias y la percepción de reconocimiento por parte del Estado.
  3. Impacto del congelamiento presupuestario: preguntas cerradas y abiertas sobre el conocimiento de la situación presupuestaria, su repercusión en la tarea docente, la percepción del salario y el impacto emocional percibido.
  4. Escala de síntomas depresivos PHQ-9: validada internacionalmente para la detección de depresión en población general y adaptada al contexto educativo universitario.

El Cuestionario de Salud del Paciente (PHQ-9) fue seleccionado por su confiabilidad y validez psicométrica en estudios de salud mental docente y laboral. Este instrumento, según Cassiani-Miranda et al. (2021) y Ortiz Morán et al. (2024), presenta una consistencia interna elevada (α de Cronbach > 0.80) y ha demostrado sensibilidad para detectar síntomas leves y moderados en profesionales de la educación y la salud. Evalúa la frecuencia de nueve síntomas depresivos durante las últimas dos semanas —tales como pérdida de interés, fatiga, alteraciones del sueño, baja autoestima, dificultad para concentrarse o pensamientos negativos—, puntuados en una escala Likert de 0 a 3 (de “nunca” a “casi todos los días”). El puntaje total oscila entre 0 y 27, y se clasifica en: mínima (0–4), leve (5–9), moderada (10–14), moderadamente grave (15–19) y grave (20–27).

La encuesta incluyó, además, preguntas sobre motivación y bienestar subjetivo, mediante ítems cualitativos que indagan las causas de desánimo, las preocupaciones actuales y las percepciones sobre el rol docente. Este componente interpretativo permitió complementar los resultados cuantitativos del PHQ-9 con las narrativas emocionales de los docentes, proporcionando un panorama integral de su estado anímico.

4. Procedimiento y consideraciones éticas

La aplicación del instrumento se realizó entre abril y junio de 2025, período durante el cual el congelamiento presupuestario mantenía vigencia y las universidades nacionales atravesaban fuertes restricciones financieras. La convocatoria se efectuó por correo institucional y redes académicas, aclarando los objetivos del estudio y garantizando la confidencialidad y el anonimato. Los participantes otorgaron su consentimiento informado antes de iniciar el cuestionario, de acuerdo con los principios éticos de la investigación social y psicológica (Declaración de Helsinki, 2013).

El formulario digital incluía un apartado informativo donde se detallaron los fines académicos del estudio, la posibilidad de abandonar la encuesta en cualquier momento y el compromiso de utilizar los resultados únicamente con propósitos de investigación. No se solicitó información identificatoria (nombres, DNI o correos personales) para resguardar la privacidad de los participantes.

El proyecto fue revisado conforme a las normas de ética institucional de la UBA y se enmarca en la categoría de riesgo mínimo, ya que no implica intervenciones ni manipulaciones experimentales, sino la administración de un cuestionario autoaplicado de carácter voluntario. Los resultados agregados fueron tratados de manera confidencial y no se publicaron datos individuales.

5. Estrategia de análisis de datos

Los datos obtenidos fueron exportados a una planilla en formato Excel para su sistematización y análisis estadístico. Se realizó un análisis descriptivo de las variables sociodemográficas y laborales, calculando frecuencias absolutas y relativas, medias y desviaciones estándar. Asimismo, se efectuó una interpretación cualitativa complementaria de las respuestas abiertas, con el fin de identificar patrones discursivos vinculados al estado de ánimo, la motivación y la percepción de reconocimiento.

El análisis de las respuestas al PHQ-9 permitió establecer niveles de afectación emocional y vincularlos con variables como género, antigüedad, jerarquía docente y percepción de estabilidad laboral. La interpretación se apoyó en el marco teórico sobre burnout y salud psicosocial docente (Maslach et al., 1996; Pujol-Cols, 2021), considerando los factores de riesgo psicosocial descritos anteriormente: sobrecarga laboral, falta de reconocimiento, incertidumbre y desajuste entre esfuerzo y recompensa.

Además, se incorporaron variables de percepción subjetiva del contexto: la valoración del propio estado de ánimo general, la influencia del salario en la motivación, el respaldo percibido por las autoridades universitarias, y el nivel de conocimiento sobre el congelamiento presupuestario. Estas variables, de naturaleza ordinal, fueron tratadas mediante análisis de tendencia y cruce de porcentajes para identificar relaciones significativas entre las condiciones objetivas (salario, estabilidad) y las emociones declaradas (ánimo, desmotivación, desesperanza). Se construyeron tablas de síntesis e interpretación que integran los resultados del PHQ-9 con las percepciones subjetivas, permitiendo establecer un perfil general del estado emocional de los docentes universitarios en el actual contexto presupuestario. Este análisis servirá de base para la sección de “Resultados”, donde se expondrán los hallazgos más relevantes en términos de desgaste emocional, motivación, vocación y reconocimiento.

En cuanto al diseño muestral, es importante señalar que, al tratarse de un estudio de carácter exploratorio, no se buscó alcanzar representatividad estadística, sino obtener una primera aproximación diagnóstica acerca del estado de ánimo y el bienestar emocional del cuerpo docente. Por tal motivo, la muestra se conformó a partir de participación voluntaria y constituye un recorte válido para observar tendencias iniciales del fenómeno. En relación con el análisis de datos, se emplearon principalmente estadísticos descriptivos (frecuencias y porcentajes), aunque se incorporaron también medidas de tendencia central para caracterizar la distribución de puntajes del PHQ-9. Asimismo, se exploraron relaciones preliminares entre sintomatología depresiva, tipo de dedicación y modalidad de contratación, con el objetivo de identificar posibles patrones asociados al malestar emocional. Con el fin de facilitar la interpretación visual de los resultados, se incluyó una representación gráfica que resume las distribuciones más relevantes. Dado que el instrumento PHQ-9 incorpora una pregunta adicional de evaluación funcional, se explicita su integración en el análisis como un indicador cualitativo complementario, orientado a estimar el grado en que el malestar emocional afecta las actividades habituales de los docentes. Esta última pregunta no forma parte del score del instrumento PHQ-9 y solo se analiza como dimensión funcional, es decir que complementa la lectura clínica-operacional del PHQ-9.

Resultados

1. Caracterización general de los encuestados

De las 99 encuestas válidas analizadas, la distribución por género fue de 53% mujeres, 46% varones y 1% no binario o no declarado. En cuanto a la edad, la media fue de 45 años, con un rango entre 26 y 68 años. El 41% de los docentes cuenta con más de 10 años de experiencia, el 37% posee entre 5 y 10 años, y el 22% menos de cinco años de antigüedad. Este dato muestra una comunidad académica compuesta mayoritariamente por profesionales consolidados, aunque con presencia significativa de docentes jóvenes en etapas iniciales de carrera.

Respecto de la formación académica, el 48% alcanzó nivel de posgrado (maestría o doctorado), el 39% título de grado universitario, y el 13% estudios de especialización o formación continua. La alta calificación de los encuestados refleja el compromiso con la actualización profesional y la excelencia académica, aunque contrasta con las condiciones laborales declaradas.

En relación con la jerarquía docente, el 34% corresponde a ayudantes o jefes de trabajos prácticos, el 41% a profesores adjuntos, el 19% a profesores asociados y el 6% a titulares. Predomina, por tanto, el rango medio de la carrera docente, donde la estabilidad y el reconocimiento suelen ser más precarios. El tipo de designación muestra que el 62% se desempeña en cargos interinos o temporarios, el 23% posee regularidad, y el 15% realiza tareas ad honorem. Este último dato resulta especialmente relevante: uno de cada seis docentes encuestados trabaja sin remuneración formal, situación que evidencia la magnitud de la precarización estructural en la UBA.

En cuanto a la dedicación horaria, el 57% declaró poseer dedicación simple (menos de 10 horas semanales), el 33% semiexclusiva (20 horas) y solo el 10% exclusiva (40 horas). Este patrón refleja que la mayoría de los docentes debe combinar su labor universitaria con otras actividades profesionales o laborales para alcanzar un ingreso suficiente. El 72% manifestó desempeñarse en áreas humanísticas, sociales o de la salud, y el 28% en ciencias exactas o tecnológicas.

2. Vocación, motivación y valoración de la labor docente

El análisis de las preguntas relacionadas con la vocación y la percepción del propio rol docente arrojó que el 91% de los encuestados declaró haber accedido a la docencia por vocación y no por motivos económicos o de estabilidad laboral. Sin embargo, el 84% reconoció que la situación económica actual afecta su motivación y estado de ánimo. Este contraste sugiere que la vocación persiste como motor simbólico, pero se encuentra en tensión con las condiciones materiales del trabajo universitario.

Al indagar sobre la valoración social de la labor docente, el 68% considera que la sociedad no reconoce adecuadamente su tarea, mientras que sólo el 12% percibe un reconocimiento suficiente y el 20% manifiesta incertidumbre al respecto. En la misma línea, el 73% expresó sentirse poco o nada respaldado por las autoridades nacionales, y el 66% indicó que las autoridades universitarias brindan escaso acompañamiento emocional o institucional frente al deterioro de las condiciones laborales.

Cuando se preguntó si los docentes influyen positivamente en sus estudiantes, el 97% respondió afirmativamente, lo cual reafirma el compromiso pedagógico a pesar de las dificultades. No obstante, el 56% de los encuestados afirmó haber pensado en abandonar la docencia universitaria en los últimos años, principalmente por frustración, agotamiento y falta de reconocimiento económico. Entre las razones más mencionadas, se destacan: “salarios insuficientes”, “sensación de estar desvalorizado”, “cansancio emocional” y “dificultad para sostener la vocación”.

3. Percepción del congelamiento presupuestario y del deterioro salarial

La totalidad de los encuestados (100%) manifestó estar al tanto del congelamiento presupuestario que afecta a las universidades nacionales desde 2023. El 92% consideró que la medida tuvo un impacto directo en su labor docente, y el 88% afirmó que la falta de actualización salarial ha deteriorado su estado de ánimo y motivación profesional. El 73% opinó que el impacto fue mayor en la docencia universitaria que en otros sectores laborales, y el 69% percibe que los estudiantes no comprenden plenamente la gravedad de la situación económica que atraviesan los docentes.

En relación con la percepción salarial, el 94% considera que no ha recibido el reconocimiento económico suficiente desde el inicio del congelamiento, y el 81% cree que la situación salarial impacta directamente en su salud emocional. Un 72% declaró sentirse “desmotivado o angustiado” ante la falta de respuestas del Poder Ejecutivo Nacional, mientras que el 64% calificó la respuesta de las autoridades nacionales durante este período como “muy deficiente”. Solo el 6% evaluó la gestión como “adecuada” y el 30% optó por respuestas intermedias, mencionando la “ausencia total de diálogo”.

El 76% expresó que la situación económica actual le hizo replantearse su vocación docente, aunque el 58% señaló que continúa en la universidad por compromiso con sus alumnos y por sentido de pertenencia institucional. Este dato revela la tensión entre la vocación como sostén simbólico y el malestar material y emocional derivado del contexto de ajuste presupuestario.

4. Estado de ánimo general y bienestar emocional

Cuando se consultó a los participantes sobre su estado de ánimo general, el 44,4% lo calificó como “regular”, el 11,1% como “malo”, el 6,1 % lo calificó como  “muy malo”, mientras que solo el 38,4% calificó su estado de ánimo como “bueno” o “muy bueno”. En conjunto, un 61,6% de los docentes evidenció algún grado de malestar o desánimo emocional, lo que sugiere un deterioro significativo del bienestar psicológico (Tabla 1).

¿Cómo calificaría su estado de ánimo general?

Docentes (n = 99)

Porcentaje (%)

Muy bueno

5

5.1

Bueno

33

33.3

Regular

44

44.4

Malo

11

11.1

Muy malo

6

6.1

Total

99

100

Tabla 1.- Respuestas acerca del estado de ánimo general.

Este resultado coincide con estudios previos de Roa y Núñez (2025), quienes identifican que el clima emocional de los equipos docentes se encuentra estrechamente ligado a las políticas institucionales de financiamiento y reconocimiento.

Entre los factores que los encuestados señalaron como más influyentes en su motivación y estado de ánimo, se destacan:

       La situación salarial (87%),

       la falta de reconocimiento estatal e institucional (76%),
la sobrecarga laboral (61%),

       la incertidumbre sobre el futuro de la universidad pública (54%),

       y, en menor medida, los conflictos interpersonales y la falta de apoyo psicológico (38%).

Solo un 12% indicó que su motivación se mantiene estable “gracias al compromiso con los estudiantes o la pasión por enseñar”, lo que confirma la resistencia vocacional como rasgo identitario del docente universitario argentino.

En cuanto al respaldo institucional, el 78% sostuvo que no recibe apoyo psicológico ni estrategias de contención emocional por parte del sistema universitario. El 22% restante mencionó haber participado de alguna actividad de bienestar o taller promovido por su facultad, pero sin continuidad ni impacto sostenido. Esta ausencia de acompañamiento psicosocial refuerza la percepción de abandono institucional y agrava el sentimiento de soledad laboral.

5. Resultados del Cuestionario de Salud del Paciente (PHQ-9)

El análisis del cuestionario de salud del paciente PHQ-9 permitió cuantificar los niveles de síntomas depresivos entre los docentes los que expondremos a continuación (Tabla 2).

Nivel de afectación emocional

Puntaje PHQ-9

Porcentaje de docentes

Mínimo / Sin síntomas

0–4

30,3%

Leve

5–9

36,4%

Moderado

10–14

19,2%

Moderadamente grave

15–19

11,1%

Grave

20–27

3,0%

Total

99

100%

Tabla 2.- Distribución de puntaje (score) PHQ-9

De este modo, el 69,7% de los docentes presenta algún grado de sintomatología depresiva, siendo moderada a grave en el 33,3% de los casos. La media del puntaje general fue de 7,9 puntos, lo que corresponde a un rango leve. Este hallazgo resulta alarmante si se considera que se trata de una población universitaria con alto nivel educativo y vocacionalmente comprometida.

A fin de profundizar en la relación entre la situación laboral y la sintomatología depresiva, se analizó la distribución de los puntajes obtenidos en el Cuestionario de Salud del Paciente (PHQ-9) diferenciando entre docentes interinos y docentes titulares. Los resultados evidencian diferencias notables en los niveles de afectación emocional (Table 3).

Nivel de afectación emocional

Puntaje PHQ-9

Docentes Interinos (n=66; 66,67%)

Docentes Titulares (n=33; 33,33%)

 

 

Respuestas

%

Respuestas

%

Mínimo / Sin síntomas

0–4

23

23.2

7

7.1

Leve

5–9

22

22.2

14

14.1

Moderado

10–14

11

11.1

8

8.1

Moderadamente grave

15–19

7

7.1

4

4.0

Grave

20-27

3

3.0

0

0.0

Tabla 3.- Estado de ánimo y niveles de sintomatología depresiva según PHQ-9 en docentes interinos y titulares de la UBA (n = 99)

Los datos muestran que los docentes interinos presentan mayor prevalencia de síntomas depresivos moderados a graves (21,2%) que los titulares (12,1%) que además, no presentan casos graves. En conjunto, los interinos exhiben un perfil de mayor vulnerabilidad emocional, consistente con los efectos de la inestabilidad laboral y el congelamiento presupuestario identificados en el estudio. Este hallazgo resulta coherente con la literatura reciente (Pujol-Cols, 2021; Daza-Cardona & Arboleda-Trujillo, 2024), que asocia la inseguridad y la falta de reconocimiento institucional con un incremento en el agotamiento emocional y la depresión leve a moderada entre los docentes universitarios. Además de los nueve ítems puntuables del PHQ-9, se incorporó una pregunta complementaria destinada a evaluar el grado de dificultad funcional que los síntomas emocionales generan en las actividades cotidianas (trabajo, vida doméstica y relaciones personales). Si bien esta pregunta no forma parte del puntaje total, ofrece una medida del impacto real de la afectación emocional en la vida diaria de los docentes (Tabla 4)

Nivel de Dificultar

Cantidad de docentes

Porcentaje (%)

Nada difícil

22

22.22

Un poco difícil

51

51.52

Bastante difícil

21

21.21

Muy difícil

5

5.05

Total

99

100.00

Tabla 4.- Dificultad para realizar actividades habituales derivada de síntomas emocionales

La mayoría de los encuestados (51,5%) manifestó que sus síntomas emocionales hicieron que sus actividades fueran “un poco difíciles” de realizar, mientras que un 26,3% indicó que resultaron “bastante” o “muy difíciles”. Este dato confirma que, más allá de la intensidad del malestar, el impacto funcional del estado de ánimo negativo afecta de manera concreta la productividad académica y las relaciones personales, reforzando la necesidad de políticas de apoyo psicosocial en el ámbito universitario.

Al realizar cruces por variables, no se observó diferencias significativas entre la sintomatología que presentan las mujeres (7,86%) versus la sintomatología que presentan los varones (7,89), lo que, en este caso, no coincide con investigaciones previas que señalan una mayor vulnerabilidad emocional en contextos de sobrecarga y precarización (Garcés et al., 2023). Asimismo, los docentes con menor dedicación horaria registraron puntajes más elevados (73,4%) en comparación con quienes poseen mayor dedicación (11,11% en la dedicación Semiexclusiva y 15,15% en la dedicación exclusiva) confirmando la incidencia de la inseguridad económica y laboral en el bienestar psicológico (Tabla 5).

Dedicación

Mínimo %

Leve %

Moderado %

Moderadamente severo %

Severo %

Total

Simple

20.20

28.28

17.17

5.05

3.03

73.74

Semiexclusiva

6.06

1.01

2.02

2.02

0.00

11.11

Exclusiva

4.04

7.07

0.00

4.04

0.00

15.15

Tabla 5.- Sintomatología depresiva según PHQ-9 en función de las dedicaciones docentes (n = 99).

Se observa, además, que en las dedicaciones simples, el 8,08% manifiestan sintomatología depresiva de moderada a severa, mientras que esas cifras descienden a 2,02% en las dedicaciones semi exclusivas y 4,04% en la exclusiva reforzando la afirmación anteriormente descripta. 

El análisis cualitativo de las respuestas abiertas complementó estos resultados. Expresiones como “cansancio permanente”, “frustración”, “falta de horizonte” y “tristeza ante la indiferencia del Estado” se repiten con frecuencia. Algunos docentes relataron haber buscado ayuda terapéutica por primera vez durante 2024, mientras que otros mencionaron sentimientos de culpa y ambivalencia: “amo enseñar, pero me duele no poder vivir de esto”.

Frente a la falta de previsión económica y de reconocimiento tanto económico como profesional por parte de las autoridades nacionales, la motivación de los docentes se ve gravemente afectada como analizamos en el apartado siguiente.

6. Impacto en la motivación y la vocación

A pesar del panorama emocional adverso, el estudio evidencia una notable resiliencia vocacional. El 87,88% de los encuestados afirmó que la situación salarial afecta “negativamente” su estado de ánimo y el 43,43% del total manifiesta haber pensado en “abandonar la docencia”. Manifiestan también que aunque su motivación se redujo, mantiene su compromiso con la docencia “por sentido ético y responsabilidad social”, pero reconoció que ha pensado en abandonar la docencia universitaria al menos una vez en los últimos dos años, y el 29% manifestó haberlo hecho efectivamente o haber reducido su carga docente. Entre las causas más citadas se encuentran: los salarios insuficientes (82%), el agotamiento emocional (67%), la falta de estabilidad (59%) y la escasa valoración institucional (48%).

Un hallazgo relevante es que, pese a que el 91,92% de los docentes considera que “no recibió el reconocimiento salarial suficiente desde el congelamiento presupuestario”, el 74% de los docentes expresó que dicho congelamiento debilitó su sentido de vocación, aunque no lo extinguió. El discurso predominante refleja una vocación sostenida desde la resistencia, más que desde el reconocimiento: los profesores se perciben como guardianes de la universidad pública frente al abandono estatal. Este componente simbólico —la idea de “enseñar por convicción”— aparece como una estrategia emocional de supervivencia ante el desgaste estructural.

7. Factores de riesgo y correlaciones destacadas

Del análisis conjunto de variables emergen tres factores principales de riesgo psicosocial:

  1. Inestabilidad laboral: los docentes de interinos o ad honorem presentan casi el doble de probabilidad de reportar síntomas depresivos moderados o graves (21,2%) que los regulares (12,1%).
  2. Percepción de desvalorización estatal: quienes calificaron la respuesta del Poder Ejecutivo como “muy deficiente” presentan niveles más altos de agotamiento emocional y desmotivación (media PHQ-9: 12,9).
  3. Sobrecarga laboral y dedicación múltiple: los docentes con más de dos empleos o múltiples cargos registran mayores niveles de fatiga y menor satisfacción general.

Por el contrario, se identificaron factores protectores: la pertenencia institucional (sentido de orgullo por la UBA) y el vínculo con los estudiantes. Los docentes que mencionaron “la interacción con los alumnos” como fuente de satisfacción presentaron en promedio 3 puntos menos en el PHQ-9, lo que sugiere que la relación pedagógica puede operar como espacio de contención emocional y sentido.

8. Síntesis interpretativa

En términos generales, los resultados confirman la hipótesis de que el congelamiento presupuestario y el deterioro salarial afectan significativamente el estado de ánimo, la motivación y la salud mental de los docentes universitarios. La amplia prevalencia de síntomas depresivos, la sensación de desamparo institucional y la pérdida de reconocimiento simbólico configuran un cuadro de malestar docente estructural, coherente con el modelo de burnout de Maslach y Jackson (1996) y con los hallazgos de Pujol-Cols (2021) sobre las demandas laborales en el contexto argentino.

El estudio revela una comunidad académica altamente comprometida pero emocionalmente desgastada, que continúa sosteniendo su tarea por convicción más que por recompensa. Esta situación representa un riesgo para la sustentabilidad del sistema universitario público, ya que el deterioro del bienestar docente compromete la calidad educativa, la innovación pedagógica y la formación de nuevas generaciones de académicos.

Los resultados invitan a repensar las políticas de financiamiento y acompañamiento psicosocial, subrayando que la crisis universitaria no es solo económica, sino también emocional y simbólica. El ánimo de los docentes es, en última instancia, un reflejo del estado de la universidad pública argentina: un espacio de resistencia, pasión y compromiso que, sin políticas de cuidado y reconocimiento, corre el riesgo de agotarse.

Discusión

Los resultados obtenidos confirman un deterioro significativo del estado de ánimo de los docentes universitarios argentinos en el contexto del congelamiento presupuestario vigente desde 2023. Este malestar no puede ser comprendido únicamente como una consecuencia económica, sino como un fenómeno complejo en el que convergen factores estructurales, institucionales y subjetivos. El hecho de que más del 69% de la muestra presente síntomas depresivos según el PHQ-9 revela un impacto emocional generalizado, íntimamente asociado a un entorno laboral precarizado y a una política pública que los docentes perciben como regresiva. En línea con Daza-Cardona y Arboleda-Trujillo (2024), la combinación entre sobrecarga y falta de reconocimiento emerge como un catalizador del desgaste emocional, configurando un escenario en el que los docentes deben sostener su compromiso académico en condiciones adversas. Esta tensión se manifiesta en sentimientos de frustración, impotencia y disminución de la autoeficacia profesional.

1. Burnout docente y precarización estructural

Los hallazgos del estudio corroboran la pertinencia del modelo de burnout propuesto por Maslach, Jackson y Leiter (1996). Las tres dimensiones centrales del síndrome —agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal— se observan de manera consistente en la población analizada. La elevada presencia de agotamiento emocional evidencia la acumulación de fatiga psíquica derivada de la inestabilidad laboral, la sobrecarga de tareas y la ausencia de reconocimiento institucional. Asimismo, la despersonalización aparece en la forma de un creciente distanciamiento afectivo hacia las instituciones universitarias, percibidas más como estructuras administrativas que como comunidades de pertenencia. La baja realización personal, por su parte, se vincula con la escasez de incentivos y con la percepción de estancamiento profesional.

Desde esta perspectiva, el congelamiento presupuestario actúa no sólo como un recorte de recursos sino también como un mensaje simbólico que erosiona el sentido del trabajo docente. La crisis del reconocimiento —expresada en que más del 88% de los encuestados considera que el Poder Ejecutivo no valora su tarea— constituye un predictor central del estrés crónico. Cuando la labor educativa se percibe desvinculada de un proyecto colectivo o desprovista de valoración social, el compromiso emocional se transforma en desgaste, y la vocación opera más como estrategia de resistencia que como fuente de realización.

2. Desfinanciamiento y salud mental docente

La literatura internacional ha documentado ampliamente la relación entre políticas de austeridad y deterioro del bienestar laboral. Roa y Núñez (2025) sostienen que los estados de ánimo colectivos son sensibles a las variaciones estructurales del entorno: los recortes prolongados fragmentan los equipos docentes, intensifican la incertidumbre y generan climas institucionales orientados a la supervivencia. La ausencia de redes de apoyo y de mecanismos institucionales de contención emocional —reconocida por más del 90% de los participantes— profundiza la sensación de aislamiento. Como señalan Cifre et al. (2003), la salud psicosocial del profesorado depende de un equilibrio entre demandas y recursos; cuando este se rompe de manera sostenida, el malestar deviene estructural.

Los datos del estudio muestran que la situación salarial afecta directamente el bienestar emocional para el 81% de los encuestados. La falta de previsibilidad, la erosión del salario real y la inseguridad material constituyen, en sí mismas, fuentes de estrés crónico, particularmente para quienes poseen designaciones interinas o ad honorem. Este fenómeno coincide con lo que Jiménez Espinoza y Silva Caicedo (2024) denominan “estrés estructural docente”: un tipo de afectación emocional que no proviene de la tarea en sí, sino del marco socioeconómico que la condiciona.

3. Vocación y resiliencia frente al desencanto

Pese a las condiciones adversas, la vocación docente aparece como un factor de resiliencia emocional. El 91% de los encuestados afirma haber elegido la docencia por vocación, y el 97% considera que influye positivamente en sus estudiantes. Sin embargo, esta misma vocación puede transformarse en una “trampa afectiva”: cuando el compromiso se sostiene en ausencia de reconocimiento, la vocación se convierte en sacrificio, y el sacrificio en frustración. El 74% de los docentes afirma que la crisis presupuestaria debilitó su sentido vocacional, lo que refleja un proceso de erosión subjetiva que no llega a anular el compromiso pedagógico, pero sí lo tensiona.

El vínculo con los estudiantes emerge como un elemento protector. Aquellos docentes que mencionan la interacción pedagógica como fuente de satisfacción presentan niveles más bajos de sintomatología depresiva, lo que coincide con el planteo de Roa y Núñez (2025) respecto del impacto positivo del lazo afectivo en la práctica docente. Desde una perspectiva freireana, puede afirmarse que el aula funciona como un espacio de resistencia afectiva donde el sentido emancipador de la enseñanza persiste incluso en escenarios de precariedad estructural.

4. Desvalorización simbólica y violencia institucional

La discusión también permite interpretar el congelamiento presupuestario como una forma de violencia simbólica, en el sentido bourdieuano del término. La desinversión estatal no sólo limita la capacidad operativa de las instituciones, sino que transmite un mensaje implícito acerca del lugar que ocupa la docencia universitaria en la jerarquía de prioridades públicas. La percepción de desvalorización social (68%) y estatal (más del 88%) afecta directamente la autoestima profesional y debilita el sentido de propósito.

La naturalización del trabajo gratuito —15% de docentes ad honorem— es especialmente ilustrativa de esta violencia simbólica. La docencia sin salario, históricamente legitimada en el sistema universitario argentino, consolida un modelo de explotación basado en la idea de que la vocación justifica la precariedad. Como advierten Daza-Cardona y Arboleda-Trujillo (2024), el desgaste emocional se intensifica cuando el trabajador percibe que su esfuerzo se realiza sin reciprocidad institucional.

5. Estado de ánimo docente como indicador institucional

El estado emocional del cuerpo docente puede leerse como un indicador del estado general de la universidad pública. La docencia universitaria, entendida como actividad intelectual, afectiva y política, depende de vínculos institucionales de confianza, reconocimiento y pertenencia. Cuando el ánimo decae —como ocurre en el 61% de los encuestados— no sólo se afecta el bienestar individual, sino también la cohesión institucional, la creatividad pedagógica y la sostenibilidad de la vida académica. Este estudio confirma, en línea con Cifre et al. (2003), que el bienestar docente es una dimensión estructural de la calidad educativa y no un aspecto accesorio.

6. Repercusiones sobre la calidad educativa y la continuidad docente

El impacto emocional documentado puede tener efectos directos sobre la calidad de la enseñanza y la permanencia en el sistema. El 43% de los docentes afirmó haber considerado abandonar la docencia, y el 9% redujo efectivamente su carga laboral. Esta tendencia anticipa un riesgo de pérdida de capital humano académico, con consecuencias en la formación de estudiantes, la investigación y la extensión. La literatura internacional muestra que el burnout incrementa el ausentismo, disminuye el rendimiento y afecta negativamente el vínculo pedagógico (Maslach et al., 1996; Winefield et al., 2003). En la UBA —una institución de gran magnitud y heterogeneidad— estos efectos se ven amplificados ante la falta de políticas institucionales de cuidado. El malestar docente documentado no debe interpretarse como un problema individual, sino como la expresión subjetiva de una crisis institucional más amplia.

En términos políticos, los hallazgos subrayan la urgencia de implementar estrategias de financiamiento estable, políticas de prevención del burnout, dispositivos institucionales de acompañamiento emocional y mecanismos efectivos de reconocimiento simbólico y económico. La universidad pública no puede sostenerse exclusivamente sobre el voluntarismo vocacional: requiere condiciones laborales dignas que permitan a los docentes ejercer su tarea sin que ello implique un costo emocional permanente.

8. Síntesis interpretativa

En conjunto, los resultados muestran que el congelamiento presupuestario ha provocado un deterioro profundo en el bienestar emocional y en el sentido simbólico del trabajo docente. El clima afectivo actual del sistema universitario argentino se configura en torno a tres dimensiones entrelazadas: desgaste emocional, vocación resistente y desvalorización institucional. De cara a las políticas educativas, el desafío no reside únicamente en recomponer salarios o estabilizar cargos, sino en reconstruir el significado público de la docencia universitaria. Revalorizar la educación como bien social implica reconocer la sensibilidad, el esfuerzo y la función estratégica de quienes la sostienen. Restituir el ánimo docente es, en última instancia, una condición indispensable para reconstruir la universidad pública y asegurar su futuro.

Conclusiones

Los resultados del presente estudio permiten afirmar que el congelamiento presupuestario impuesto desde 2023 ha generado un impacto emocional significativo en los docentes universitarios encuestados, configurando un escenario de creciente malestar psicológico, pérdida de motivación y desgaste profesional. Más de dos tercios de los participantes presentaron niveles moderados a severos de sintomatología depresiva según el PHQ-9, lo que pone de manifiesto que el estado de ánimo docente no constituye un fenómeno aislado ni estrictamente individual, sino la expresión afectiva de condiciones laborales deterioradas y de una crisis institucional más amplia.

El análisis revela que el malestar emocional se vincula tanto con factores materiales (deterioro salarial, inestabilidad laboral, sobrecarga de funciones) como con dimensiones simbólicas asociadas al reconocimiento social e institucional de la labor docente. La percepción de desvalorización por parte del Estado, reportada por la gran mayoría de los encuestados, emerge como uno de los núcleos más relevantes del desgaste emocional, reforzando lo planteado por la literatura sobre burnout y estrés estructural. En este sentido, la docencia universitaria aparece tensionada entre una vocación persistente —identificada como factor protector en el estudio— y un contexto laboral que erosiona su sentido y su ejercicio cotidiano.

Si bien el estudio no pretende alcanzar representatividad estadística, los datos obtenidos ofrecen una primera aproximación diagnóstica que permite visibilizar tendencias preocupantes: altos niveles de agotamiento emocional, debilitamiento del compromiso profesional y una proporción considerable de docentes que ha considerado abandonar total o parcialmente la actividad. Estas tendencias, aun en su carácter exploratorio, sugieren que la salud emocional del profesorado constituye un indicador sensible del estado general de la universidad pública.

Los hallazgos invitan a reflexionar sobre la necesidad urgente de políticas de bienestar institucional que aborden simultáneamente las dimensiones materiales y simbólicas del trabajo docente. Recuperar el sentido de la tarea educativa requiere no sólo recomponer los salarios y revertir el desfinanciamiento, sino también restituir el reconocimiento, fortalecer los vínculos comunitarios y crear espacios de acompañamiento emocional. De no mediar acciones en esta dirección, existe el riesgo de que el deterioro emocional se consolide como un rasgo estructural de la docencia universitaria, afectando la calidad de la enseñanza y la continuidad del cuerpo académico.

Este estudio aporta evidencia empírica inicial sobre el impacto emocional del congelamiento presupuestario en los docentes universitarios argentinos y destaca la necesidad de continuar investigando el fenómeno mediante diseños más amplios, comparativos y longitudinales. La salud mental del profesorado no puede considerarse un asunto periférico: constituye un componente esencial de la calidad educativa y un indicador crítico del compromiso del Estado con la universidad pública.

 

 

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[1] Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires. Instituto de Investigación en Educación Superior ADUBA-UBA. Argentina. Contacto: leandro.guerschberg@gmail.com

[2] Universidad Nacional de José C. Paz. Argentina. Contacto: yael.gutierrez@docentes.unpaz.edu.ar

[3] Instituto Superior FACULTAR. Argentina. Contacto: catalinanobili11@gmail.com

[4] Instituto de Investigación en Educación Superior, Asociación de Docentes de la Universidad de Buenos Aires (ADUBA), Argentina. Contacto: direcciondeestudios@facultar.org.ar

[5] Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Instituto de Investigación en Educación Superior, Asociación de Docentes de la Universidad de Buenos Aires (ADUBA), Argentina. Contacto: fedrafreijo@gmail.com